Hace unos días la Asamblea Legislativa del Distrito Federal dio un reconocimiento a la UNAM por los 100 años de ser Nacional y por el Premio Principe de Asturias, y no se que sea peor: que lo hayan hecho casi un año después; que mi querido Dr. Narro insista en su reclamo, acertado pero fuera de lugar, de que sin ciencia ni tecnologías propias el país esta condenándose a la maquila (cuando el premio es por la comunicación y las humanidades); que el que el Consejo Universitario al día siguiente salga a corregirle al señalar la importancia de las humanidades para el país porque no sólo se trata de la educación media superior sino que es relevante para toda la sociedad; comunicado muy en el tenor de los múltiples reclamos del Observatorio Filosófico, que demandan y exigen que la SEP reinstale y reconozca la importancia de la filosofía, así no más.
Bueno, eso hay que demostrarlo más que demandarlo con la mano en la cintura. Como siempre esto tiene varias partes y espero poder aclararlas una a una.
Me parece una verdad brutal lo que dice el Rector, sin desarrollo científico y tecnológico propios, el país poco o nada avanzará en cuestiones técnicas. Pero el olvido de la relevancia de las humanidades me parece atroz, pues es una verdad tan brutal como la otra que sin formación humanística el país se esta condenando a la existencia acrítica y pasiva, y sin pensamiento critico a lo que nos exponemos es a la maquila, como aceptación y reproducción no solo de ideas o valores que no necesariamente se ajusten a nuestras circunstancias, sino que ejercen una forma de violencia interna y psíquica, entre la distancia de lo que pensamos y anhelamos, los valores que tomamos de otras culturas y otras sociedades, y las circunstancias concretas en las que estamos. Ciertamente la ciencia y la tecnología constituyen la práctica de ese famoso "saber hacer" y que es necesario para el desarrollo de cualquier país, pero la pare fundamental de ese mismo "saber hacer" está en el discernimiento y la crítica y sobre todo la auto crítica, que solo las humanidades pueden dar.
No quiero que me mal interpreten, se de mucha gente muy capaz y muy inteligente y muy cabrona en el área de ciencias, algunos amigos muy queridos, otros enemigos teóricos, no escatimo su capacidad, lo que me llama la atención es que una parte de la UNAM puso el huevo y otra muy diferente lo cacarea para sí misma, y son ambas ramas fundamentales para la Universidad y para el país, me parece terrible que en en vez de celebrar que la Universidad haya ganado un premio y reconocer el área que se lo adjudicó, reclamen atención a la otra parte que también tiene méritos enormes, y que básicamente se desarrolla dentro de la misma Universidad. Pero además es cuestionable ese enfoque medio mercantilista, medio negociante, ese sesgo que implica la relación ciencia/desarrollo, pues apunta a un desarrollo científico y tecnológico que favorece los negocios, no estoy en contra pero si cuestionaría que tuviera que ser la UNAM la que deba desarrollar esas investigaciones y no otras instituciones.
Me parece una tontería el discurso pro-ciencias en un contexto que premia a las humanidades, y me parece un enorme desperdicio no reconocer que en el área de las humanidades la UNAM en su conjunto -la Facultad de Filosofía y Letras, la Coordinación de Humanidades y demás-, sigue entre las 25 mas importantes. No es que el área de ciencias y tecnología sea mala o peor, sólo que ahí la competencia es diferente. Hay que reconocer el trabajo de un montón de gente e la Universidad, y hay que reconocerles el trabajo y esfuerzo que hizo que la institución se ganara el tal reconocimiento... insisto, me parece un enorme desperdicio dejar de lado un área tan importante y tan bien ubicada frente a otras universidades, y me parece ofensivo que en el contexto del reconocimiento de esta área se demande el apoyo a otras cuando esta misma es fundamental para pensar libre y críticamente...
La conexión es elíptica, larga y rara si quieren pero básicamente sin una formación humanística sólida la gente seguirá aceptando sin más que aun futbolista le pueden disparar en la cabeza, no se acordará de nada y seguramente jugara en el Mundial; o que la niña se ahogó sola y que a nadie se le ocurrió levantar el colchón desde el principio y aunque los ejemplos son maslos y hasta moralinos y sensacionalistas, son los dos más recientes en la larga línea de casos y cosas raras que pasan en el país y nadie critica ni cuestiona realmente. Me parece curioso que después del Bar Bar aparezca el procurador Bazbaz y que en entrevistas haya sido tan enfático: los resultados serían científicos, y básicamente incuestionables... ¿de verdad? ¿Tanto así?
Con ciencia y tecnología el país puede avanzar, por supuesto, pero los trabajos que generan serían del tipo de Chaplin en Tiempos Modernos, y claro que uno puede vivir de ajustar tuercas, pero si es un ciudadano que además puede pensar por sí mismo, por kantiano que suene, será un ciudadano más completo.
Sobre al ingenuidad de los reclamos del Observatorio Filosófico hay un montón que decir, en resumen a mi parece desconcertante esa preocupación por el número de plazas y de clases dadas y de empleos, encubierto del problema real y efectivo de la necesidad de las humanidades en la formación de los individuos -y no solo en la formación sino el cómo viven los mismos-, también me desconcierta el tono de reclamo y demanda sin más de espacios y reivindicaciones teóricas como si se tratara de un agravio personal.
¿Hay que preocuparse por el rumbo que está tomando la educación en México? Por supuesto que sí, pero en vez de gastar tiempo y esfuerzos en preservar esas estructuras educativas e incluso de poder (la neta), habría que pensar de qué otras formas, novedosas y atractivas podemos llevar la filosofía y la historia y la literatura y el conjunto de las humanidades al conjunto de los ciudadanos, no es tan difícil, ni es tan oscuro, ni se trata de usar boinas y aplaudir chasqueando los dedos, ese cliché del humanista que arruina dos prendas prácticamente nuevas para poner parches a su saco es una idiotez, tanto las humanidades como las ciencias son parte de nuestro entorno y de nuestra vida cotidiana. Hay que disfrutarlas y hay que desarrollar nuevas maneras de difundirlas.
Entiendo el reclamo de mucha gente y la animadversión que incluso algunos de mis amigos tienen con la UNAM y cuestionen la relevancia de las humanidades para un país tercermundista y jodido como éste, la verdad es que las leyes del mercado tampoco han dado una solución a todos los reclamos sociales con que cargamos, y sin embargo, estos reclamos ingenuos me hacen ver por qué no le ven más relevancia que una especie de apartado ahí que no sirve de nada.
Recuerdo ahora mismo al idiota de Carlos Mota, que se volvió ultrafamoso entre la comunidad de FFyL porque alguna vez dijo que la filosofía no servía de nada porque no tenía una visión de mercado, no era redituable, bueno, además de que la mera idea me parece una estupidez, sobre todo porque partes muy importantes de la investigación científica en principió no van al mercado, sino después, en un segundo grado y conforme se difunde, pasa lo mismo con las humanidades, en esencia, en su "pureza" tampoco debería tener intenciones de mercantilismo, y sin embargo hay mil ideas y supuestos de las humanidades hasta en lo mas cutre de la publicidad, que no humanismo. No es lo mismo. Pero los reclamos y re-ivindicaciones que se gano, vaya, algunos rayaban en lo ridículo, otros eran violentos, pero la mayoría extremadamente ingenuos...
Y me quedo con una idea de AConstante que publicó en un librito sobre El Futuro de la Filosofía en México (de 2004 creo, así que ese futuro ya llegó).
Constante habla de una nueva ilustración, una especie de ilustración 2.0 o re-ilustración, como la web 2.0, donde todos somos autores y partícipes, donde desarrollamos ideas y tesis y opinamos y discutimos, como debe ser en las humanidades, y para ello necesitamos no sólo una sólida formación científica sino también humanística, y necesitamos el desarrollo de la técnica y del pensamiento lógico y práctico que nos da la ciencia, pero también necesitamos la crítica y saber distinguir y discernir, y saberla aceptar y saberla formular.
Creo que hoy no tengo una conclusión tan clara, en parte como diría el Güeriño "me llega" y me la tomo personal, pero debo insistir en que es un desperdicio tener toda el área de humanidades en segundo término en la Universidad cuando es una de las mejores, y pienso que la crítica y la auto crítica, el discernimiento y el pensamiento serio son partes fundamentales de la emancipación del país, de cualquier país, no podemos dejar uno de lado para favorecer al otro, y menos cuando se le reconoce a uno su importante labor, lamentablemente, por una instancia extranjera...
En fin, fin del comunicado.