Al menos un mes, durante el cual, la gente que disfruta el fútbol estará "apedejandose" viéndolo, y la gente que disfruta de criticarlos desde una supuesta posición de superioridad intelectual, y a veces hasta moral, porque les gusta "apendejarse" viendo el fútbol, estará demasiado ocupada en denodados esfuerzos por arruinarles la fiesta, y que dejarán que todos los demás que nos interesa poco una posición u otra hagamos lo que se nos dé la gana.
Eso no quita que muchas de las protestas y reclamos de la sociedad brasileña no tengan buenas razones y deberían ser atendidas. Ciertamente el gasto en un espectáculo tal como el Mundial de Fútbol dejará ganancias sólo para unos cuantos sectores (de hecho el turismo, que es básicamente el que sostiene casi toda la economía de allá), y que tienen necesidades mucho mas importantes y urgentes que rayan en el incumplimiento de los derechos humanos más elementales y en la vida digna necesaria para todos.
Y luego se les vienen las Olimpiadas.
Tengo la impresión de que el problema en Grecia empezó con las Olimpiadas de hace 10 años, ya saben: la deuda y el crédito, mas otros elementos conjugados en contra (como adversidades, no como si hubiera un plan macabro para hundirlos y establecer un nuevo orden mundial ahí).
Te todas formas nada cambia con llenar sus redes sociales de protestas e imágenes repetidas ad nausea que terminan por no decir nada, y que terminan por ser como las estampitas del Panini que al final nadie quiere volver a ver, y que solo sirve para fijar esa supuesta superioridad intelectualoide y moral sobre otros y para ventilar prejuicios y bajas pasiones. Tanto el álbum de Panini como las imágenes para protestar contra el fútbol son una especie de meta propaganda: muestran una ideología sin mostrarse como propaganda tal cual (y a veces resulta ser un buen negocio y no hablo sólo de Panini).
Como nota final solo diré que si nos ponemos a distinguir puntillosamente entre el valor de Pelé, Paulo Freire, Caetano Veloso u Oscar Niemeyer y sus distintas aportaciones a la cultura, la cultura popular, las bellas artes o la política y la pedagogía, estamos listos para un nuevo debate sin sentido que sólo separará más a las posiciones irreductibles y que ya puestos en el sospechosismo justo es eso es lo que "el sistema quiere".
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lunes, 2 de junio de 2014
miércoles, 28 de mayo de 2014
Hace unas semanas comentaba que el escepticismo es no sólo un "hombre de paja", una estrategia de la retórica que ha pasado a la filosofía por medio de a sofistería y la erística, originalmente consiste en exagerar o reducir los argumentos del oponente hasta el grado del ridículo. Ahora se usa más como "pelearse con alguien que no existe, inventarte o inventarle al oponente cosas que no ha dicho pero podría decir". Además de ser como el Coco o Maikol Yakson.
Bueno, recientemente descubrí el podcast de 8-Bit Philosophy y el último episodio explica muy bien porque es relevante, al menos para ciertos conglomerados de académicos y maestros de filosofía (analítica) derribar el escepticismo y para ello dedican cursos enteros en tratar de derribar el argumento cartesiano que explica el video:
Espero que sea de si agrado o interés.
Bueno, recientemente descubrí el podcast de 8-Bit Philosophy y el último episodio explica muy bien porque es relevante, al menos para ciertos conglomerados de académicos y maestros de filosofía (analítica) derribar el escepticismo y para ello dedican cursos enteros en tratar de derribar el argumento cartesiano que explica el video:
Espero que sea de si agrado o interés.
viernes, 10 de enero de 2014
viernes, 19 de julio de 2013
Apunte marginal
Hace unos días platicaba con alguien, no es que me lo reserve, es que no recuerdo quien era, a cosa es que hablábamos de lo que él llamaba la "indignación de sofá", que es diferente al iLiketivismo. En el segundo el iLiketivista se limita a expresar su indignación y sus ganas de hacer su revolución por medio de las redes sociales, cree que es suficiente transmitir mensajes y compartir información en las redes sociales sin llevar su compromiso más allá, es decir no necesariamente salir a la calle a marchar, o no necesariamente subirse a la sierra y rifarse como es debido.
El "indignado de sofá" no es como los otros indignados que va y hacen un campamento en plazas públicas y ocupan esos espacios para manifestar, bueno, no se qué porque la indignación es un buen comienzo pero no es un fin, esta bien mostrarse indignado y señalarlo, pero ello debería conducir necesariamente a la acción, cualquiera que sea. Finalmente creo, puedo estar equivocado, pero la indignación es pasiva, y sumamente reactiva, y no, no se necesita más de eso para hacer la famosa y tan manoseada revolución, o eufemísticamente: EL cambio social.
El "indignado de sofá" esta indignado pero ni siquiera sale de casa y ni siquiera participa del supuesto debate e intercambio de ideas que se da en las supuestas redes sociales, pues esos intercambios solo radicalízan, los involucrados reafirman sus ideas y buscan imponerse a los demás sin escuchar/leer lo que los otros están exponiendo, es en pocas palabras perfectamente inútil. El "indignado de sofá" ni siquiera eso, quizás vocifere y exprese su indignación y su opinión mientras lee el periódico o en una conversación. Nada más.
No estoy diciendo que yo haga algo más, ni siquiera estoy seguro ya de que estas ideas quepan en este blog que se había especializado en fotografía llanera y experimental, y algunas reseñas de libros, pero justamente mi punto es que hay un punto medio entre hacer en serio las cosas o no hacerlas, y que hablar de hacerlas en el fondo es no hacer nada. Ya sea iLiketivista o "indignado de sofá"... porque en el fondo el tipo de acciones que hay que tomar es el tipo de cosas que no se dice que lo vas a hacer, lo haces, desapareces un buen día y pasas a la clandestinidad (y ya, y seguro con esto podría quedar etiquetado y ser sujeto de espionaje, pero si de verdad yo fuera a unirme a una guerrilla, pues me uno y ya, no bloggeo sobre eso, no hago iLiketivismo ni me quedo en la sala de la casa).
Había escrito algo sobre ello hace unos meses, el día de la revolución, es la entrada en que recomendé/reseñé unos cuantos libros sobre algunas posibles consecuencias de asumir una actitud más activa en ese "cambio social", o revolución, que debería ser el nombre (la entrada es ésta).
Pero también sé que no me hacen caso, muchas veces he dicho un montón de cosas que a los tantos meses, a veces años, les cae el 20 y resulta que es lo más obvio y de dominio público. Es más, muchos iLiketivistas e "indignados de sofá" ya ni leen este blog, pero no pierdo nada con recomendarles este blog y sobre todo esta entrada.
Tengo la impresión de que esta chica -bueno, ya no TAN chica- es más o menos mi contemporánea de FFyL y seguramente conocemos gente en común pero no la termino de ubicar muy bien, pero en su blog hay muchas reflexiones muy interesantes e importantes sobre los suceso de verano del año pasado y de como al final no pasó nada de nada, digamos que las entradas de 2009, 2012-13.
Me gusta en parte de su conclusión final
y sobre todo la frase:
es aniquiladora, no hay más, pero es verdad. Como dijo en una platica de bienvenida de Alfabetización del Cole Madri cierta maestra con la que tuve mis diferencias teóricas, pero esto nunca se lo discutí: los tibios no se comprometen... y por eso el mundo no arde en llamas pero hay pequeños esfuerzos que hay que celebrar y apoyar.
No sé, no sé ni siquiera porque escribí esto, pero espero que pronto tenga sentido.
El "indignado de sofá" no es como los otros indignados que va y hacen un campamento en plazas públicas y ocupan esos espacios para manifestar, bueno, no se qué porque la indignación es un buen comienzo pero no es un fin, esta bien mostrarse indignado y señalarlo, pero ello debería conducir necesariamente a la acción, cualquiera que sea. Finalmente creo, puedo estar equivocado, pero la indignación es pasiva, y sumamente reactiva, y no, no se necesita más de eso para hacer la famosa y tan manoseada revolución, o eufemísticamente: EL cambio social.
El "indignado de sofá" esta indignado pero ni siquiera sale de casa y ni siquiera participa del supuesto debate e intercambio de ideas que se da en las supuestas redes sociales, pues esos intercambios solo radicalízan, los involucrados reafirman sus ideas y buscan imponerse a los demás sin escuchar/leer lo que los otros están exponiendo, es en pocas palabras perfectamente inútil. El "indignado de sofá" ni siquiera eso, quizás vocifere y exprese su indignación y su opinión mientras lee el periódico o en una conversación. Nada más.
No estoy diciendo que yo haga algo más, ni siquiera estoy seguro ya de que estas ideas quepan en este blog que se había especializado en fotografía llanera y experimental, y algunas reseñas de libros, pero justamente mi punto es que hay un punto medio entre hacer en serio las cosas o no hacerlas, y que hablar de hacerlas en el fondo es no hacer nada. Ya sea iLiketivista o "indignado de sofá"... porque en el fondo el tipo de acciones que hay que tomar es el tipo de cosas que no se dice que lo vas a hacer, lo haces, desapareces un buen día y pasas a la clandestinidad (y ya, y seguro con esto podría quedar etiquetado y ser sujeto de espionaje, pero si de verdad yo fuera a unirme a una guerrilla, pues me uno y ya, no bloggeo sobre eso, no hago iLiketivismo ni me quedo en la sala de la casa).
Había escrito algo sobre ello hace unos meses, el día de la revolución, es la entrada en que recomendé/reseñé unos cuantos libros sobre algunas posibles consecuencias de asumir una actitud más activa en ese "cambio social", o revolución, que debería ser el nombre (la entrada es ésta).
Pero también sé que no me hacen caso, muchas veces he dicho un montón de cosas que a los tantos meses, a veces años, les cae el 20 y resulta que es lo más obvio y de dominio público. Es más, muchos iLiketivistas e "indignados de sofá" ya ni leen este blog, pero no pierdo nada con recomendarles este blog y sobre todo esta entrada.
Tengo la impresión de que esta chica -bueno, ya no TAN chica- es más o menos mi contemporánea de FFyL y seguramente conocemos gente en común pero no la termino de ubicar muy bien, pero en su blog hay muchas reflexiones muy interesantes e importantes sobre los suceso de verano del año pasado y de como al final no pasó nada de nada, digamos que las entradas de 2009, 2012-13.
Me gusta en parte de su conclusión final
Cuando no puedes trabajar en nada más, hay que trabajar en la revolución. Pero trabajar en la revolución es un suicidio. Cualquiera puede matarte en cualquier esquina y robarte el dinero, una víctima más de la delincuencia en la ciudad. O atropellarte, una víctima más del tránsito. Por supuesto, primero intentarán vías más civilizadas como sabotear o pervertir tu supuesta revolución.
y sobre todo la frase:
Y si nadie te persigue, entonces man, no estás haciendo una revolución.
es aniquiladora, no hay más, pero es verdad. Como dijo en una platica de bienvenida de Alfabetización del Cole Madri cierta maestra con la que tuve mis diferencias teóricas, pero esto nunca se lo discutí: los tibios no se comprometen... y por eso el mundo no arde en llamas pero hay pequeños esfuerzos que hay que celebrar y apoyar.
No sé, no sé ni siquiera porque escribí esto, pero espero que pronto tenga sentido.
lunes, 8 de julio de 2013
El miedo en Occidente de Jean Delumeau
Esta reseña debió salir el último jueves de junio, pero por muchas razones no fue así, una de ellas es que no había terminado de leer el libro.
No sé que tengo con la Historia pero siempre que me harto de leer filosofía leo algo de esta disciplina, y no me lo tomen a mal historiadores, no lo demerito ni digo que sea una lectura ligera, al contrario, si alguien les dice que leer historia es como leer una novela sean tan amables de darles de mi parte una saludable y fuerte patada en los genitales (testículos u ovarios, que también son ovoides, como huevos).
Uno puede leer una buena novela desparramado en su sillón preferido o de plano recostado en la cama, leer historia no, o por lo menos a mi me exige estar sentado, en mi escritorio o alguna mesa donde pueda leer cómodamente, muchas veces porque estas obras tienen un montón de datos, de estadísticas, de documentos antiguos, de citas de todas -absolutamente todas las demás disciplinas: arte, ciencia, humanidades, etc-. están llenas de referencias cruzadas, chistes velados y críticas sanguinarias en comentarios marginales... creo que por eso me gusta leerla.
El libro de Delumeau es un tabicón de más de 600 páginas y no tiene tantas estadísticas ni un aparato tan técnico como otros libros de historia, lo que sí es es un compendio erudito de mil fuentes y documentos de una parte muy específica de la historia, se centra en un periodo histórico específico y en un continente específico, Europa aunque el título del libro diga que es Occidente, pero qué es Occidente sino la cultura basada en las tradiciones greco-latinas y judeo-cristinas. Contrario a lo estrecho que este horizonte podría parecer, en realidad es una obra que resuena bastante en nosotros en estos días porque aborda un fenómeno cultural que ha existido siempre y que seguira existiendo mucho tiempo más, y que lo vivimos de la misma manera, justamente como occidentales en parte, nos guste o no.
Hay que reconocer que tiene a virtud de llevarnos por este paseo sobre el miedo por lo menos desde la baja Edad Media hasta el apogeo de la Modernidad (siglo XVIII) sin perder el hilo de una argumentación eficaz y limpia, que se basa en una estrategia muy simple: oponiendo el uso del miedo por los poderes fácticos (sí, la Iglesia, los reyes, y después los Estados nacientes, otra vez la Iglesia y los políticos, entre otros; pero también la misma sociedad en su conjunto y grupos específicos de la misma sociedad), frente a los sujetos que se vuelven motivo de miedo (el mal, lo ultramundano, la muerte, los espectros, la enfermedad), y que generalmente se concreta en sujetos de marginación y encono: las mujeres, los judíos, los musulmanes, los bárbaros, los nativos salvajes, los pobres, los extranjeros, lo otro, lo diferente.
Y sobre todo hay que reconocerle esto: desarrolla su argumentación sin llegar a ser un sermón moralino de por qué temer es marginar y por qué no deberíamos hacerlo (como éste oootro tabicón con tema similar, pero tratamiento muy inmediato y pobre, y con una perspectiva maniquea, que reseñé hace unos años). Por lo tanto se agradece la objetividad y pulcritud con que Delumeau desarrolla su estudio histórico. No deja de ser una obra magna, digna y erudita, por lo tanto densa, muy densa pero nunca abotagada o insufrible, y en general muy interesante.
La desventaja es que bueno, es un libro grande y denso, uno no lo puede -ni debe- leerlo aprisa, hay que leerlo poco a poco e incluso hacer pausas para digerir la información que te está dando, siendo honestos empecé a leerlo en enero, y en general leo dos o tres libros así al año pero justo por eso, porque me los dosifico a lo largo de meses. ESE sí es un buen consejo de cómo leer Historia y no que se lee igual que la literatura. Y que muy probablemente uno tendrá que hacer algún tipo de apuntes porque luego del aluvión de información uno cree perder detalles y elementos que son importantes y que muchas veces, efectivamente, Delumeau retoma a lo largo del libro.
Otra desventaja, o tal vez una ventaja, es que no aborda el fenómeno en su aspecto psicológico, ni siquiera se acerca a la época en la que aparece el psicoanálisis. Es una desventaja porque podría parecer que le falta una pata para sostenerse, pero puede ser una ventaja porque no introduce más elementos de otra disciplina además de los que ya tiene, la historia, la historiografía y algo de sociología, con referencias cruzadas a la filología, filosofía, teología, ciencias naturales y las paranormales, su estudio sobre algunas tradiciones esotéricas es interesante y completo, aunque claramente en deuda con el libro Las brujas y su mundo de Julio Caro Baroja que mencioné en alguna de las entradas de diciembre.
Un libro muy recomendable si quieren saber cómo funciona y ha funcionado en términos sociológicos e históricos esa rara sensación que nos invade alguna vez en la vida, sin sermones ni falsa moralina ni excesos retóricos ni falsas esperanzas de hacer una revolución televizada, twiteada y iLiketivista... bueno, el libro es viejo, la versión francesa es como del 78, pero aún así una lectura indispensable para estos tiempos de escandalosa manipulación y sospechosismo.
No sé que tengo con la Historia pero siempre que me harto de leer filosofía leo algo de esta disciplina, y no me lo tomen a mal historiadores, no lo demerito ni digo que sea una lectura ligera, al contrario, si alguien les dice que leer historia es como leer una novela sean tan amables de darles de mi parte una saludable y fuerte patada en los genitales (testículos u ovarios, que también son ovoides, como huevos).
Uno puede leer una buena novela desparramado en su sillón preferido o de plano recostado en la cama, leer historia no, o por lo menos a mi me exige estar sentado, en mi escritorio o alguna mesa donde pueda leer cómodamente, muchas veces porque estas obras tienen un montón de datos, de estadísticas, de documentos antiguos, de citas de todas -absolutamente todas las demás disciplinas: arte, ciencia, humanidades, etc-. están llenas de referencias cruzadas, chistes velados y críticas sanguinarias en comentarios marginales... creo que por eso me gusta leerla.
El libro de Delumeau es un tabicón de más de 600 páginas y no tiene tantas estadísticas ni un aparato tan técnico como otros libros de historia, lo que sí es es un compendio erudito de mil fuentes y documentos de una parte muy específica de la historia, se centra en un periodo histórico específico y en un continente específico, Europa aunque el título del libro diga que es Occidente, pero qué es Occidente sino la cultura basada en las tradiciones greco-latinas y judeo-cristinas. Contrario a lo estrecho que este horizonte podría parecer, en realidad es una obra que resuena bastante en nosotros en estos días porque aborda un fenómeno cultural que ha existido siempre y que seguira existiendo mucho tiempo más, y que lo vivimos de la misma manera, justamente como occidentales en parte, nos guste o no.
Hay que reconocer que tiene a virtud de llevarnos por este paseo sobre el miedo por lo menos desde la baja Edad Media hasta el apogeo de la Modernidad (siglo XVIII) sin perder el hilo de una argumentación eficaz y limpia, que se basa en una estrategia muy simple: oponiendo el uso del miedo por los poderes fácticos (sí, la Iglesia, los reyes, y después los Estados nacientes, otra vez la Iglesia y los políticos, entre otros; pero también la misma sociedad en su conjunto y grupos específicos de la misma sociedad), frente a los sujetos que se vuelven motivo de miedo (el mal, lo ultramundano, la muerte, los espectros, la enfermedad), y que generalmente se concreta en sujetos de marginación y encono: las mujeres, los judíos, los musulmanes, los bárbaros, los nativos salvajes, los pobres, los extranjeros, lo otro, lo diferente.
Y sobre todo hay que reconocerle esto: desarrolla su argumentación sin llegar a ser un sermón moralino de por qué temer es marginar y por qué no deberíamos hacerlo (como éste oootro tabicón con tema similar, pero tratamiento muy inmediato y pobre, y con una perspectiva maniquea, que reseñé hace unos años). Por lo tanto se agradece la objetividad y pulcritud con que Delumeau desarrolla su estudio histórico. No deja de ser una obra magna, digna y erudita, por lo tanto densa, muy densa pero nunca abotagada o insufrible, y en general muy interesante.
La desventaja es que bueno, es un libro grande y denso, uno no lo puede -ni debe- leerlo aprisa, hay que leerlo poco a poco e incluso hacer pausas para digerir la información que te está dando, siendo honestos empecé a leerlo en enero, y en general leo dos o tres libros así al año pero justo por eso, porque me los dosifico a lo largo de meses. ESE sí es un buen consejo de cómo leer Historia y no que se lee igual que la literatura. Y que muy probablemente uno tendrá que hacer algún tipo de apuntes porque luego del aluvión de información uno cree perder detalles y elementos que son importantes y que muchas veces, efectivamente, Delumeau retoma a lo largo del libro.
Otra desventaja, o tal vez una ventaja, es que no aborda el fenómeno en su aspecto psicológico, ni siquiera se acerca a la época en la que aparece el psicoanálisis. Es una desventaja porque podría parecer que le falta una pata para sostenerse, pero puede ser una ventaja porque no introduce más elementos de otra disciplina además de los que ya tiene, la historia, la historiografía y algo de sociología, con referencias cruzadas a la filología, filosofía, teología, ciencias naturales y las paranormales, su estudio sobre algunas tradiciones esotéricas es interesante y completo, aunque claramente en deuda con el libro Las brujas y su mundo de Julio Caro Baroja que mencioné en alguna de las entradas de diciembre.
Un libro muy recomendable si quieren saber cómo funciona y ha funcionado en términos sociológicos e históricos esa rara sensación que nos invade alguna vez en la vida, sin sermones ni falsa moralina ni excesos retóricos ni falsas esperanzas de hacer una revolución televizada, twiteada y iLiketivista... bueno, el libro es viejo, la versión francesa es como del 78, pero aún así una lectura indispensable para estos tiempos de escandalosa manipulación y sospechosismo.
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