miércoles, 12 de abril de 2017

Hacia años que no me pasaba, quedarme atorado en la biblioteca porque llueve y si me arriesgo a salir hacia la casa se pueden mojar mis libros y mi computadora. El haberme quedado "atrapado" se debe a que he retomado el hábito de trabajar de en la biblioteca de la casa y no en mi habitación, que se estaba volviendo un poco deprimente.

La razones por las que dejé de trabajar en la biblioteca tienen que ver con esto (a mi me tomaron rehén justo estando en la biblioteca), sin embargo, ahora me empieza a resultar más cómodo y hasta refrescante salir de mi habitación y ocupar de nuevo un espacio en esta biblioteca donde trabajé todos los años de la licenciatura y gran parte de esa tesis interminable de Parménides. 

Sigue lloviendo, pero me siento bien aquí dentro. debo seguir estudiando

miércoles, 15 de febrero de 2017

Tenía una vieja sospecha

Ayer ayudaba a mi padre a buscar unos libros que extravió en algún lugar de la casa, y como otras tantas veces encontré a lo largo de la búsqueda varios tomos de Las elegías de Duíno, de Rainer María Rilke, alguna vez había pensado en escribir en este o en ooootro blog sobre tan peculiar hecho: que la casa este llena de distintos tomos, versiones, ediciones, traducciones –y algunos en idioma original–, del mismo libro. 

Aproveché que estaba junto a él y le pregunte por qué era así, y su respuesta confirmó mi sospecha: es un libro que considera importante y además es de sus preferidos, no es que haya trabajado ni el libro ni al autor particularmente, simplemente era un libro que hay que leer y re-leer. 

No es que temiera que la fijación de mi padre con el libro fuera como la que tenía Mark D. Chapman con El guardián entre el centeno de J.D. Salinger, y que además ha quedado demostrado que el libro no tuvo nada que ver con el asesinato de John Lennon. 

Escucharlo hablar del libro y de lo que significa para él fue interesante y conmovedor, y me hizo darme cuenta que cuando me regaló una edición –que nunca ha vuelto a comprar– cuando apenas tenía unos 14 años en realidad me estaba compartiendo algo muy preciado para él pero no me lo dijo, creo que para no imponerme ningún enfoque o relevancia y que simplemente yo me acercara al texto por mi mismo. 

Debo admitir que me costó mucho trabajo leerlo en ese momento –en términos de poesía yo estaba más en la onda de Los cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont y algunas cosas dispersas que leía de Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud que me prestaba AFerreia–, pero definitivamente he vuelto a Las elegías más de una vez a lo largo de mi vida, y que en retrospectiva entiendo muy bien lo que me dice sobre ese libro en particular pues a mi me pasa muy claramente con T.S. Eliot y La tierra baldía pero también con Canción de amor de J. Alfred Prufrock y Cuatro cuartetos

Y en retrospectiva también me doy cuenta que lo que Andrea me compartió decía mucho de ella misma que apenas ahora entiendo y aunque le estoy agradecido de muchas maneras y que se lo manifesté en ese momento, hoy tengo que agradecerle de nuevo el interés que puso en nosotros como sus alumnos, pues bien que mal, al compartir-nos nos mostró mucho de lo que ella era (y espero siga siendo) y que eso significó un encuentro también muy importante para mi, y esa es otra vieja sospecha que hoy confirmo.