martes, 21 de diciembre de 2010

Necesito una bibliotecaria menos ciega que yo

Hace unos días tuve un flashback... o la sensación de estar viviendo algo que ya había vivido sin que fuera exactamente lo mismo, o sea: no fue un deja vú sino una vieja sensación que no había tenido en mucho tiempo.

Le pregunté a mi padre si tenía algún ejemplar de La Odisea que fuera "manejable" para re-leerla en el camino a Colima, es decir, no la de la Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana de la UNAM que está en varios tomos, ni una que tenga como mil páginas de estudio introductorio o un aparato crítico de media hoja en cada página. Me dijo que sí, "una de Oxford y la de la UNAM es La Iliada no La Odisea".

- ¿y está en inglés?
- No, en griego...
- E inglés...
- No, sólo griego.
- ¿No había una en griego Y francés?
- Mmmmh no, debe haber una de Sepan Cuantos.
- Sí, ya la busqué pero no está, ¿no habían una en francés?
- No, esa es una Iliada, debe haber una de Sepan Cuantos.
- No, ya la busque...

Salió del cuarto y en segundos regreso refunfuñando "ya la busqué ya la busqué" y me dio un ejemplar de La Odisea en la colección de Sepan Cuantos... me trajo tantos recuerdos de la secundaria y la preparatoria, épocas en las que no pocas veces compré varios libros que tuve que leer porque según yo no estaban en su casa y a los dos días ahí estaban, como burlándose de mi... o que tuvo que ir él a buscar los libros que aun teniéndolos frente a mi no encontraba... como un punto ciego, como el tono de azul del argumento de Hume.

A veces se me va un poco el pedo, así pasa cuando sucede y a veces pasa todo el tiempo. Para este momento estoy en la playa, espero que no leyendo o no demasiado para que se me quite este horrible color tesista de ciudad...

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