lunes, 30 de septiembre de 2013

Bertrand Méheust - La política del oxímoron

Este mes he estado particularmente ocupado con cosas de Radio UNAM y de filosofía, pero no puedo faltar al compromiso que hice al principio del año de reseñar un libro al mes de los que leí en ese mismo mes. Ahora es el turno de comentar algo sobre La Politique de l'oximore, de Bertrand Méheust. 



La verdad es que no me esperaba un texto tan denso para el tamaño del libro, por lo cual se podrán imaginar que se trata de un trabajo abigarrado y lleno de ideas y de nociones que aunque interesantes pueden ser a veces un poco complicadas de hilvanar pues puede ser muy denso y hay algunos otros supuestos y tesis subyacentes en este texto que se refieren a otros: es pues un texto que se ubica en una discusión del autor con otros pensadores. Y debo admitir que es el primer libro de Méheust que leo, así que de ahí lo complicado. 

El libro esta dividido en dos partes según el índice pero en realidad son tres. La primera es sobre un repaso rápido y general sobre la sociedad occidental capitalista actual, y de cómo esa sociedad está agotando sus recursos materiales y abstractos (espirituales, culturales, ideológicos, etc.) para preservar su propia existencia, lo que resulta en una paradoja: cómo podemos conservar precisamente eso que estamos agotando continuamente. De ahí el oxímoron.

La segunda es la explicación precisa de que es esa política del oxímoron para preservar la sociedad que se esta devorando a sí misma, con ideas tales como "desarrollo sustentable" o la "agricultura razonable", inclusión de las minorías y de los grupos marginados, los derechos universales y su precaria relación con los derechos -o más bien los privilegios- de otros grupos de la sociedad; los derechos humanos, las "guerras preventivas", etcétera. Un oxímoron es justa la unión de dos términos contradictorios que dan lugar a una nueva expresión con sentido, el ejemplo más común es el de "silencio atronador", pero el de "desarrollo sustentable" es un buen ejemplo, sobre todo porque no ha demostrado su posibilidad real de existir. 

Es decir, la idea de desarrollo implica la transformación del medio, ya sea para bien o para mal, y entraña en el fondo la idea de progreso del positivismo: hay que hacer y actuar para mejorar, todo lo que se oponga a ello es un estorbo que hay que eliminar. Por el otro lado lo "sustentable" esta anclado en el concepto de conservar o preservar, el sustento es lo que sostiene algo, es lo que lo conserva (por ahí los filólogos y filósofos más clavados se van a ofender pero el término tiene algo, o mucho que ver con la "sustancia", lo que está "debajo o subyace" y "sostiene" al ente). El desarrollo implica cambio y movimiento, el sustento conservación y permanencia.

No es un libro que hable de darwinismo social o de la guerra entre culturas o el famos choque de civilizaciones, ni esas teorías conspiracionistas y paranóicas que le gustan a los grupos radicales, de izquierdas y de derechas por igual, sino que es un trabajo más bien centrado en la sociología y la psicología de masas, no tanto en la coyuntura política y las teorías de la conspiración, eso le da un valor agregado, no es un libro que se escandalice por o escandalice él mismo la situación actual y sus posibles desarrollos de seguir en ese escollo paradójico en el que nos encontramos, o si seguimos las políticas del oxímoron. Para decirlo claramente Méheust no cree que se trate de una aporía, solo de una dificultad momentánea que se puede resolver si nos olvidamos de los supuestos y de la ideología misma que sostiene la sociedad occidental capitalista, si superamos pues la paradoja sin caer en contradicciones. 

Cuando habla de los recursos materiales y de los abstractos en realidad lo que está haciendo es hablarnos de la estructura social, que es la infraestructura y la supraestructura de la que habla Marx. Además, la política del oxímoron es precisamente lo que Marx suele llamar la "ideología": todos los supuestos subyacentes y dados por hecho con los que opera la sociedad como conjunto amplio de personas que comparten -más que un idioma, un territorio o una cultura- una forma de vida, la del capitalismo, en la que hay dueños de los medios de producción y hay dueños sólo de su fuerza de trabajo. No es que sea un marxista romántico o peor aún: revisionista, por el contrario Méheust es bastante crítico y si mal no recuerdo no menciona ni cita a Marx, pero si han estudiado a Marx sabrán a qué y cuándo se refiere Méheust a su pensamiento. 

Y justamente esa es la tesis del libro, que la política del oxímoron, no es más que un aplazamiento de lo inevitable y de la búsqueda de ganancias a cualquier costo, incluso de la misma infraestructura que sostiene la supraestructura, pues al fin y al cabo en el momento en que las faltas o desaparición de la primera "alcancen" a la segunda, esta, la ideología, hará los ajustes que considere necesarios para sobrevivir, pero en todo caso es problema de las generaciones que vienen y no de estas -liberalismo a todo lo que da-. ¿Alguien recuerda la idea de "las contradicciones inherentes al capitalismo"? 

Eso es pues, puro marxismo, lo que pasa es que está mal visto y hay quienes piensan que no es actual y que lo han superado, y lo peor es que hay quienes estando de acuerdo con Marx creen que es cutre o que los van a ver feo si asumieran un compromiso abierto con las teorías que usan de Marx, y solo las usan, no las defienden. Quizás uno de los elementos de los que se desprende Méheust, y que con buenas razones podrían hacer todos los demás estudiosos y entusiastas de Marx es dejar de lado la teleología de su teoría: no hay un fin último de la historia ni nos dirigimos irremediablemente al final de esta forma de vida, pues hemos visto cómo se ha sabido adaptar y transformar, y ello no significa que llegaremos a la utopía que pensaba Marx, pero si hay que recordar que esas mismas contradicciones que están a la base del capitalismo son las que le costarán la existencia al capitalismo, Méheust ahí sí es más pesimista porque cree que dicho final es la muy posible desaparición de la sociedad y del ser humano. 

Esto lo explica en la introducción del libro, que es como de 2009, dice que es el momento de actuar porque es muy probable que aún no hayamos pasado el punto en el que no hay retorno, que todavía es posible revertir la tendencia con menos esfuerzo que intentar re-construir. 

Y ahí están las tres divisiones que no refleja el índice del libro pero si su desarrollo o que Méheust llama los "axiomas" de su texto: parte de la idea compartida por la inmensa mayoría de los sociólogos, que hay una diferencia clara entre cultura y naturaleza, y de hecho de esta diferencia depende toda la sociología. Lo cultural es precisamente la naturaleza modificada, la naturaleza domesticada, la naturaleza destruida. De ahí que se siga pensando que la domesticación de animales y semillas sea el origen de la cultura antes que el arte o la religión, que pueden o no ser independientes. 

Los tres axiomas, o ejes interpretativos de Méheust son uno social-histórico y precisamente uno naturaleza-cultura, con estos dos analiza a la sociedad actual y su desarrollo histórico, presente y futuro y sostiene que a partir de las interelaciones de los elementos de estos dos ejes es que se desarrolla la historia. Cabe mencionar que de nuevo estas dos ideas deben mucho más al marxismo de lo que aparenta. El tercer eje es el de la naturaleza en sí misma. 

Este es un concepto incómodo en sí mismo porque es difícil hablar de la naturaleza en sí mismas cuando somos una especie socializada y aculturada, no podemos evitarlo o escapar de ello, es más, difícilmente podríamos hablar de la naturaleza independiente o inmaculada como lo podríamos suponer con la idea de "naturaleza en sí", pero Méheust necesita introducir este eje para apoyar su idea de "recuperar el balance" antes que seguir en el "desarrollo sustentable, pues a lo que apunta es que hay que restituir parte de esa naturaleza para que la vida de la especie continúe sin problemas. 

Hablar de las cosas en sí y de a naturaleza en sí no es algo que la filosofía haga sin cierto rubor, pues después de Kant y Hegel la mayoría hemos aceptado que no hay modo de hablar de las cosas en sí y que no hay tal cosa pues todo depende de nuestra percepción y racionalidad -es un rollo muy largo para un apunte marginal de este texto, así que pido que me lo concedan así sin más-, pero hay entre ciertos filósofos y sociólogos franceses de la segunda mitad del siglo XX (Michel Serres, Bruno Latour, Edgar Morin, etc.) que se han planteado seriamente el concepto de La Naturaleza, como los recursos no renovables de los que dependemos pero que ellos no dependen de nosotros, sea territorio, fauna o flora, y que tenemos que empezar a entender a cabalidad y que tenemos que incluir en nuestra idea de desarrollo y progreso. Sin embargo, no creo que valga la pena extenderme mucho al respecto pues no es un ensayo sino una "pequeña" reseña del libro en cuestión.

Méheust no es solo deudor de esta escuela en cuanto a este aspecto y otros conceptos, también está dialogando con todos ellos, por ello es un libro tan denso a pesar de su tamaño más bien pequeño. No sé si exista traducción al español pero es un libro muy recomendable para poder ver más allá de lo inmediato y pensar en el futuro, en recuperar el equilibrio antes de seguir con el desarrollo sustentable, esa idea me gusta. 

No hay comentarios: