martes, 11 de enero de 2022

El chiste no es ver hacia el futuro sino al pasado

Me acabo de acordar de la Teoría sobre las Doctrinas Secretas de Platón. Básicamente esta teoría dice que Platón tenía una doctrina esotérica p externa, que enseñaba a todos por igual, y que es la que está escrita en los diálogos platónicos. Y una teoría interna, secreta, de la que sólo hablaba con sus discípulos más cercanos y que jamás escribió. 

Así queda, esquemáticamente, diferenciada una de otra, la pública es lo escrito, lo secreto, y de mayor importancia, sólo se puede hablar y memorizar. Pero, ¿cuál es el fundamento de esta teoría? (Y disculpen que no cite a los principales exponentes de dicha teoría, pero no tengo los libros a la mano). 

Bueno, pues que Platón dice por aquí y por allá, en realidad en muy pocos lados, que tal o cual aspecto de su filosofía ha sido discutido en otra parte –sin aclarar en qué otro diálogo o texto–,y que no es necesario escribirlo. Y como se supone que conocemos casi todos los textos platónicos, ya sea por las distintas transcripciones que nos han llegado, ya sea por los comentaristas o las menciones de otros filósofos e historiadores, podemos colegir más o menos qué diálogos tienen referencias y cruzadas y ahí, donde están los huecos, ya sea porque no conocemos el diálogo en cuestión, o porque no se conservó adecuadamente o porque no lo escribió, dicha ausencia da pie a la sospecha sobre esta doctrina secreta. 

No importa que la filología y reconstrucción histórica de las doctrinas filosóficas, y de todo tipo, que son muy antiguas constantemente se encuentren con lagunas en el texto y que haga falta hacer intervenciones en este, como identificar añadidos, líneas espurias, comparar y completar distintas citas de distintos autores en distintas épocas. No, la mejor manera de abordar la cuestión es con una teoría meta textual que dice que lo que no hemos hallado es aquello que  Platón no ha escrito, y la razón por la cual dice que lo ha discutido, pero no lo ha escrito, es porque deben ser sus teorías secretas, que sólo compartió con sus discípulos más cercanos y eran de suma importancia, pero eso sí, que había que mencionar de vez en cuando quién sabe para qué...

Todo esto hizo que me diera cuenta que es importante no ver al futuro sino al pasado, o hacer como que ves al pasado. Me explico. 

Cuando uno escribe una tesis o un artículo académico cuando el trabajo sobre los puntos pendientes nos excede en pericia o la información que tenemos a la mano, generalmente hay que jugar a la modestia y usar frases como que tal tema queda pendiente para un mejor momento, o que desarrollarlo hasta sus últimas consecuencias necesitaría un espacio o formato que excede al que tenemos disponible en ese momento. o que quizás en el futuro podamos volver al punto y desarrollarlo como es debido o el tema lo amerita. 

Vemos hacia el futuro, algún día lo escribiremos, lo señalamos para el futuro. 

Ahora que me acordé de lo de las doctrinas secretas de Platón se me ocurre hacer todo lo contrario. Debemos ver al pasado, o simularlo. Cuando lleguemos a un punto como ese hay que detenerse y alardear, mencionar que ya lo hemos desarrollado y que no hace falta volver a escribirlo, sólo tener en cuenta que eso mismo, lo hemos desarrollado completo, hasta sus últimas consecuencias y con el afán preciso y suficiente, y que no hace falta volver a escribirlo, sólo mencionarlo. 

Lo importante es no decir dónde esta desarrollado ni referir fuentes o citar nada. Basta con señalar que está hecho, y como una promesa o un compromiso con ese supuesto trabajo del pasado, tenemos que apurarnos a establecer la notas, desarrollar el texto, dar las conferencias y clases. Así, en el futuro lejano que alguien encuentre nuestros textos, aunque no sepa en dónde, esté seguro que tarde o temprano dará con el pasaje indicado del texto en cuestión para aclarar eso que ahí aparee sólo mencionado, de pasadita

No hace falta la falsa modestia, pero si es necesaria una buena memoria para recordar todas las cosas que dijimos que ya hicimos y pues, hacerlas.  

lunes, 6 de diciembre de 2021

Ya quiero que sean vacaciones

Desde que tenía 12 o 13 años tengo la costumbre de iniciar mis vacaciones con cierto tipo de lecturas. En vacaciones de verano comienzo leyendo algo de terror o de misterio y al comienzo de vacaciones de invierno la lectura de inicio es siempre algo de Jorge Ibargüengoitia, ya a estas alturas varias cosas releídas. 

Tengo muy claro como comenzó esta costumbre. La literatura de horror fue porque mi padre me regaló un libro de cuentos de Sir Walter Scott al inicio de las vacaciones antes de salir de viaje familiar a Colima. Al año siguiente descubrí a H.P. Lovecraft y fue no más cosa de seguirse. 

Por otro lado empecé a leer a Ibargüengoitia porque mi hermano Álvaro me presto su libro de Instrucciones para vivir en México cuando íbamos de camino a ver a los abuelos, en Colima. Basta decir que es Jorge Ibargüengoitia y que hay que leerlo siempre que se pueda, aunque no sea sólo en vacaciones de invierno, pero es una buena manera de empezarlas. Quizás tenga que ver su temprana muerte a finales de noviembre, pero me gusta más el recuerdo de los viajes familiares. 

Este año me emociona particularmente porque encontré un libro que no he leído de Ibargüengoitia.


martes, 9 de noviembre de 2021

Estaba pensando en retomar la escritura de este blog con algunos apuntes sobre el trabajo de investigación en el que estoy en este momento, pero no sé que tan adecuado sea para los fines de este blog, y para las normas académicas, es decir, que no debería dar demasiada información sobre la investigación misma en curso, por eso de la confidencialidad y las evaluaciones colegiadas que necesiten anteceder a cualquier forma de difusión de las mismas. 

También me temo que terminen siendo notas y avances que no revise más adelante por el simple hecho de pensar que ya están expuestas al público y que es mejor reformular/re escribir todo como alguna vez ya me pasó en un blog anterior sobre una tesis que terminé por dejar en suspenso...

También consideré la posibilidad de ir haciendo apuntes sobre otros temas que me gustaría investigar y exponer más adelante. Ahí mi temor es semejante al anterior, pero no sólo por que desista de usar esas notas por estar publicadas, sino más bien porque tiendo a asentar en notas dispersas cosas de las que me quiero ocupar después y nunca vuelvo sobre ellas.

Para tal caso tengo ya dos o tres cuadernos, uno con apuntes sobre comunicación el conocimiento (sea científico o de humanidades) y filosofía de la ciencia, que debería haber resultado muy útil para la tesis de maestría, si acaso lo hubiera revisado. Tengo otro cuaderno con apuntes sobre lógica, retórica y análisis del discurso. Y un tercer cuaderno donde hago apuntes sobre mi investigación actual. 

Me pregunto, si no reviso esos apuntes tan a la mano, ¿qué me hace pensar que volveré a estos apuntes y notas que estén en el blog? No lo sé, nada en particular, quizás solamente que estarían expuestas al público y podría empezar a intercambiar ideas con los lectores de estes espacio –si los hay–, y eso me ayude a refinar lo que por ahora son intuiciones en apuntes dispersos en cuadernos y hojas y papeletas que voy dejando por todos lados. 

Habré de meditarlo un poco más, saludos. 

miércoles, 28 de marzo de 2018

La noticia del mono capuchino en Paseo de la Reforma debe ser una señal para reunir a la banda... tómenlo como un rumor...

miércoles, 12 de abril de 2017

Hacia años que no me pasaba, quedarme atorado en la biblioteca porque llueve y si me arriesgo a salir hacia la casa se pueden mojar mis libros y mi computadora. El haberme quedado "atrapado" se debe a que he retomado el hábito de trabajar de en la biblioteca de la casa y no en mi habitación, que se estaba volviendo un poco deprimente.

La razones por las que dejé de trabajar en la biblioteca tienen que ver con esto (a mi me tomaron rehén justo estando en la biblioteca), sin embargo, ahora me empieza a resultar más cómodo y hasta refrescante salir de mi habitación y ocupar de nuevo un espacio en esta biblioteca donde trabajé todos los años de la licenciatura y gran parte de esa tesis interminable de Parménides. 

Sigue lloviendo, pero me siento bien aquí dentro. debo seguir estudiando

miércoles, 15 de febrero de 2017

Tenía una vieja sospecha

Ayer ayudaba a mi padre a buscar unos libros que extravió en algún lugar de la casa, y como otras tantas veces encontré a lo largo de la búsqueda varios tomos de Las elegías de Duíno, de Rainer María Rilke, alguna vez había pensado en escribir en este o en ooootro blog sobre tan peculiar hecho: que la casa este llena de distintos tomos, versiones, ediciones, traducciones –y algunos en idioma original–, del mismo libro. 

Aproveché que estaba junto a él y le pregunte por qué era así, y su respuesta confirmó mi sospecha: es un libro que considera importante y además es de sus preferidos, no es que haya trabajado ni el libro ni al autor particularmente, simplemente era un libro que hay que leer y re-leer. 

No es que temiera que la fijación de mi padre con el libro fuera como la que tenía Mark D. Chapman con El guardián entre el centeno de J.D. Salinger, y que además ha quedado demostrado que el libro no tuvo nada que ver con el asesinato de John Lennon. 

Escucharlo hablar del libro y de lo que significa para él fue interesante y conmovedor, y me hizo darme cuenta que cuando me regaló una edición –que nunca ha vuelto a comprar– cuando apenas tenía unos 14 años en realidad me estaba compartiendo algo muy preciado para él pero no me lo dijo, creo que para no imponerme ningún enfoque o relevancia y que simplemente yo me acercara al texto por mi mismo. 

Debo admitir que me costó mucho trabajo leerlo en ese momento –en términos de poesía yo estaba más en la onda de Los cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont y algunas cosas dispersas que leía de Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud que me prestaba AFerreia–, pero definitivamente he vuelto a Las elegías más de una vez a lo largo de mi vida, y que en retrospectiva entiendo muy bien lo que me dice sobre ese libro en particular pues a mi me pasa muy claramente con T.S. Eliot y La tierra baldía pero también con Canción de amor de J. Alfred Prufrock y Cuatro cuartetos

Y en retrospectiva también me doy cuenta que lo que Andrea me compartió decía mucho de ella misma que apenas ahora entiendo y aunque le estoy agradecido de muchas maneras y que se lo manifesté en ese momento, hoy tengo que agradecerle de nuevo el interés que puso en nosotros como sus alumnos, pues bien que mal, al compartir-nos nos mostró mucho de lo que ella era (y espero siga siendo) y que eso significó un encuentro también muy importante para mi, y esa es otra vieja sospecha que hoy confirmo. 

viernes, 7 de octubre de 2016

Murió mi maestro de fotografía, Don Roberto, lo recordaré con cariño. 

Él me enseño a hacer bien las cosas, también a hacer bien cosas mal hechas, y a hacer cosas que uno no debería hacer, y siempre lo hizo con paciencia y cuidado. 

Definitivamente soy mejor fotógrafo de lo que habría sido por mi mismo gracias a su amistad y sus enseñanzas. 

Hasta siempre.

Roberto Contreras Ordáz
1951-2016

martes, 9 de agosto de 2016

No soy booktuber, pero como sí lo fuera, va esta recomendación, reseña, comentario. 

Resulta que re-editaron esta novela que ya había reseñado:

¿Por qué no dijiste todo? de Salvador Castañeda.

Es una buena oportunidad para conseguirla y leerla, aunque tenga una portada espantosa digna de los libros de Carlos Trejo sobre Cañitas, si quitamos eso, sigue quedando un libro fundamental para entender la profundidad de la represión en México desde los 70, la guerra sucia que comienza en el 68 y sigue hasta nuestros días. 

Sin animo de ofender a nadie, lo que ha pasado recientemente en Iguala o Nochistlán son sólo dos muestras más del terrorismo de Estado que hemos experimentado por mas de 40 años, incluso más de 50 o 60, tal vez el México en paz ha sido sólo una ilusión todo este tiempo, la violencia y la brutalidad del crimen organizado no es una particularidad de este tiempo, mucho menos la represión y la violencia del Estado. No necesariamente Iguala o Nochistlán son las peores acciones represivas o las más significativas, pero si han sido las que ha pusieron a la vista de la mayoría que esas cosas pasan, y lamentablemente pasan más veces de las que nos gustaría admitir, de algunas nos enteramos mucho después cuando no hay nada que hacer. 

La anécdota de la novela es brutal y apachurra el corazón, y la sigo recomendando por las mismas razones que la vez pasada: si tienen ganas de saber qué o cómo es el proceso de un arresto después de estar en la clandestinidad y en la guerra de guerrillas, encontrará aquí una descripción fiel de la tortura física y psicológica a la que sometían a los presos políticos, aunque ahora lo siento un poco aligerado, tal vez porque tenemos más información que surge de varias fuentes, y son mucho mas descarnadas y directas que lo que era posible publicar en México en la década de los 80. Pero sobre todo para tener una idea de qué sucede con los prisioneros políticos y que puede iluminar en algo a todos esos pretenciosos luchadores sociales que se quejan de la inmovilidad de otros, pero que me parece muy difícil que realmente estén dispuestos a pasar a la clandestinidad y atreverse a soportar todas las formas y posibilidades del horror y la tortura de la que es capaz el Estado y sus policías, públicas y secretas. 

A todos esos jóvenes que creen que sus luchas organizadas no tienen nada que ver con los movimientos sociales de los 50, 60, 70, 80, simplemente porque ahora hay redes sociales y porque vivimos en un país aparentemente democrático y una sociedad abierta, tienen que reconocer en esos otros movimientos que abrieron la vía para que ahora ellos puedan salir a protestar y manifestarse –y a veces a desplegar su inmensa ignorancia sobre los movimientos sociales que los antecedieron y el sentido y contexto de cada una de esas luchas, sus sacrificios, etc.–. 

Pero no se trata de sermonear o ponerse de auto suficiente y mostrar una supuesta superioridad moral e intelectual como hacen aquellos que critico y que pienso que no les vendría mal leer este libro, solamente la invitación a leer una magnífica novela, que entretejida con la trama de la misma tiene mucha información valiosa sobre movimientos sociales de México que vale la pena considerar antes de rechazarlos por ignorancia, ya sea desconocimiento o por mala fe. 

sábado, 6 de agosto de 2016

El jueves en la noche, en la inauguración de la exposición de Violeta, conocí a la madre de D- (de quién hable sin decir mucho de él acá ni explicar públicamente el por qué de esa reflexión)... me sorprendió su personalidad fuerte y serena, quizás un poco impositiva pero no agresiva... revivió viejos recuerdos, buenos y malos por igual... 

En fin me recordó mucho a su hijo, eso y el auto retrato de mi tío Toto, que le regaló a mi madre –y que ella puso detrás de mi escritorio y que me vigila cuando trabajo–, me recordaron una lección muy importante para mi. 

Creo que debería retomar la fotografía, al menos de manera terapéutica. 

jueves, 14 de julio de 2016

Anoche buscaba una fotografía de una amiga, que nunca imprimí, sólo hice una tira de contactos. 

Ahora que volví a ver las fotografías que había marcado como candidatas para ampliar en realidad sólo me gustaron tres de ellas, y en todo caso las digitalizaré y se las mandaré. 

Pero lo importante, o lo que me impulsó a escribir esto, es que mientras pasaba por mis distintas carpetas de archivo y de otras tiras de contacto, me di cuenta del gusto que me da encontrar las fotos que hice de seres queridos, y aún cuando han pasado años de eso, aún recuerdo cuándo y cómo las tomé y se me alegra el corazón de ver a tantos seres queridos. 

Claro, también están las fotos de otros seres que fueron muy queridos y ahora me son indiferentes o tal vez me causen cierta aversión, pues en mi caso es un problema porque me obsesionaba tomando fotografías a mis parejas, pues todas ellas eran fotogénicas (escribí de eso acá y acá también). Pero en el fondo eso ya no importa tanto. 

Es bueno volver a las viejas fotos y recordar porque las hemos guardado y no las desechamos, como es bueno volver al blog, y recordar por qué, aunque medio abandonado, no lo he borrado, y no creo hacerlo. 

Saludazos a todos.